Bajada y Subida de Ntra. Sra. de la Concepción: Virgen de los Pegotes.

Declarada de Interés Turístico Nacional en octubre de 2018.

Bajada: 30 de noviembre.
Subida: 8 de diciembre.

Las primeras referencias a Ntra. Sra. de la Concepción nos trasladan a mediados del siglo XVI, fecha en la que se construye la homónima ermita en el altozano conocido como Pico Zarcero y donde poco después se asentará el convento de San Agustín.

Posteriormente, tras abandonar la ermita los agustinos, el templo retomará el culto público a la Virgen bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Cuesta o del Pico Zarcero, aumentando su devoción durante el siglo XVII con numerosas procesiones y rogativas a fin de encomendar las cosechas a la voluntad mariana; devoción que culmina en el año 1745 cuando el Ayuntamiento le vota por Patrona y acuerda celebrar perpetuamente un novenario en su honor del 30 de noviembre al 8 de diciembre, descendiendo a la imagen hasta la parroquia el día 6 de diciembre en solemne procesión.

Momentos antes de esta primera celebración se declaró una tormenta que obligó a retrasar la procesión e iluminar artificialmente el trayecto con hogueras y pegotes, que son unas antorchas realizadas a base de pez y de donde surge el apelativo de Virgen de los Pegotes. El resultado fue tan vistoso que el fuego perdurará en las calles de Nava del Rey a lo largo de los siglos, de ayer a hoy.

Inicialmente, la Virgen descendía en andas o en carruajes cedidos por los vecinos, hasta que en 1893 se fabricó ex profeso el actual coche de caballos -costeado por la familia Pino Rodríguez- que es tirado por mulas, animal habitual en los quehaceres agrícolas de Nava del Rey.

El ganado es sabiamente conducido por un grupo de muleros que retan a la gélida noche con ponche y vino añejo ofrecido por algunos vecinos. Además, es habitual que fumen puros -obsequio del Ayuntamiento desde el siglo XIX– y que luzcan un pañuelo en la cabeza para protegerse de las flamantes morceñas. Dentro del coche, igual que en centurias pasadas, la Patrona es escoltada por el párroco, el alcalde y un descendiente del donante.

LA BAJADA

LA BAJADA se celebra en la noche del 30 de noviembre cuando la Virgen abandona la ermita del Pico Zarcero, alcanzando el dosel del altar mayor de los Santos Juanes alentada por incesantes vítores, popularmente conocidos como vivas:

¡Viva la Pura y sin Mancha!
¡Viva la Estrella de la mañana!
¡Viva la Rosa de Jericó!

Como en el siglo XVIII, en las calles de la Ciudad no falta ni el calor de las hogueras, ni la luz de los pegotes. Originalmente, La Bajada se celebraba el 6 de diciembre, hasta que en 1962 el Ayuntamiento lo permutó por el 30 de noviembre para que la imagen estuviese en la parroquia durante toda la novena.

LA SUBIDA

LA SUBIDA tiene lugar el día 8 de diciembre al finalizar el novenario, cuando la Hermandad Hijas de María engalana a la Virgen con mantos y joyas para comenzar la procesión de regreso hacia la ermita. Durante el recorrido, la comitiva efectúa diferentes pausas para que los fieles dediquen sus mejores piropos a la Patrona.

En la calle Manuel Salvador Carmona el fuego se acompasa al ritmo de la campana conventual de las Terciarias Franciscanas; mientras, los vecinos se agrupan en hogueras para contrarrestar el frío. A la salida del casco urbano la comitiva se detendrá nuevamente para que el párroco dirija una breve alocución antes de cantar la Salve.

A partir de aquí, el discurrir procesional se dirige al Pico Zarcero por la pedregosa cañada de Valdego, disparándose el fervor con la llegada a la ermita, donde el eco de los vivas es más sonoro. Después, la imagen es colocada en el altar mayor para que los fieles entonen su himno, compuesto en 1956.

Antiguamente, existía la costumbre de aprovechar las brasas de las hogueras para asar castañas, de donde nace la advocación de Virgen de las Castañas. Rememorando esta práctica, tanto La Bajada como La Subida finalizan en el patio barroco del Ayuntamiento con una degustación de productos típicos y castañas asadas

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